Groom, el inmortal: Parte II

II

Blup se encontraba sentado muy cerca de la entrada, su mano rozando la niebla, vivo todavía. Groom esperó hasta que el gnomo se percató de su llegada.

—¿Has decidido vivir?

—¿Por qué se vuelven grises tus escamas?

Groom resopló lanzando una vaharada caliente que alcanzó al gnomo. La niebla pareció recular ante la imponente presencia del dragón, pero Blup no apartó la mirada.

—Toda acción conlleva consecuencias. Y las mías están a punto de alcanzarme. Ahora, dime. ¿Vendrás conmigo?

Blup se puso en pie y se aproximó al dragón.

—La vida es demasiado preciosa para menospreciarla. Ansío reunirme con mi familia, pero no me perdonarían si dejo escapar todo lo que aún puedo hacer con los años que me queden por vivir.

Groom atendió las sabias palabras del gnomo en respetuoso silencio. Luego, juntos, sobrevolaron los cielos hasta el reino del agua, dónde Efynia ya esperaba para ver al gran dragón negro.

Blup ni siquiera se despidió. El dolor en su corazón era demasiado intenso, ya había dicho todo cuanto tenía que decir. Las ninfas le recibieron con alegría y los etéreos lo llevaron al interior del bosque, donde aguardaba un hogar para él y una sorpresa que no esperaba encontrar.

—No vas a quedarte, ¿verdad? —Efynia no se mostraba tan entusiasta como otras veces. Sabía bien lo que aquella visita representaba, ya lo habían hablado muchas veces.

—Es el precio. Khastor se reunirá conmigo en la montaña.

Durante un largo rato no hablaron, no se dijeron nada. Groom podría haber ido a pasar su último día en cualquier lugar del mundo, pero no quería despedidas tristes, ni lágrimas. Efynia lo comprendía. Simplemente se quedaron allí, echados sobre la hierba, juntos, hasta que el atardecer dio por concluido el día y Groom elevó el vuelo en silencio alejándose de regreso a su hogar.

Efynia no lloró. Era su sacrificio por el valor de Groom.

***

Faltaban pocas horas para el anochecer. Khastor se mantenía erguido en la entrada de la gruta de la montaña, contemplando como las poderosas alas de Groom batían el aire y su magia alejaba la niebla del territorio. Un vasto bosque de altísimos árboles asomó bajo la gaseosa neblina. Los animales salieron de sus refugios, las aves volvieron a surcar el cielo y todo se llenó de vida.

Khastor giró el larguísimo cuello cobrizo y abrió las fauces soltando una bocanada de arena que cayó a sus pies cubriendo la roca grisácea del suelo. Groom se posó a su lado y juntos contemplaron como el sol desaparecía en el horizonte, mientras sus escamas se volvían cada vez más grises.

—Eternos.

—Viejo amigo, tú siempre ves el lado bueno —Groom sonrió y Khastor se estiró a su lado, adoptando una pose relajada y despreocupada.

—¿Es que hay otro lado, Groom? —Groom gruñó al oír el nombre que los humanos utilizaban para referirse a él. Khastor soltó una ronca carcajada y cerró los ojos. Su cuerpo completamente rígido, apenas capaz ya de moverse.

—Solo deseo que nuestro sacrificio no sea en vano y que todas las criaturas estén a salvo, por fin.

—Así sea.

III

—Esta es la Montaña de los Dragones. Un nombre nada original, dado quien guarda sus puertas.

El enano que guiaba la comitiva de curiosos señaló las inmensas estatuas de los dos dragones que protegían la montaña. Uno de ellos acurrucado plácidamente, como si durmiera. El otro sentado sobre sus patas traseras, con una pose erguida, digna, y una mirada anhelante. Resultaba sobrecogedor, no solo por su tamaño, sino por el realismo de las esculturas.

Les narró, como tantas otras veces, la leyenda de los grandes dragones de piedra. Se decía que habían sacrificado su vida inmortal para desterrar la violencia del mundo y permitir que todas las razas se reconstruyeran y habitaran en paz, siguiendo sus enseñanzas. Ahora ya no quedaban dragones.

Sin embargo, la historia de Groom y Khastor, fue registrada en un grueso volumen, por la mano de un pequeño gnomo conocido como Blup. Él y su esposa se ocuparon de atesorar el saber de aquellas poderosas criaturas. Sacrificaron muchas vidas, cierto, pero no antes de salvaguardar una pequeña muestra de cada raza, para que tuvieran una segunda oportunidad.

Ahora, todo ser que nacía en Ahk, estudiaba el legado de los dragones. Un legado en el que se promulgaba la vida, la tolerancia, el respeto, la convivencia.

En definitiva, la paz.

El contenido de este relato puede ser reproducido total o parcialmente, siempre y cuando se incluya referencia a la autora. Todos los derechos reservados. Bajo licencia SafeCreative. Primera edición: 2008 – Reeditado para publicación Septiembre 2018 Título original: Posesión © 2018 Patricia Villanueva Polo Fotos de portada: Pixabay Maquetación y Diseño de portada: Patricia Villanueva Polo Publicado por: Patricia Villanueva Polo

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